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Verso | CAMARA | PRECLASICA Y CLASICA (1 CD)

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Wolfgang Amadeus Mozart
Sonatas para oboe


REF.: VRS 2021
EAN 13: 8436009800211
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FECHA DE PUBLICACIÓN
06/05/2005

INTÉRPRETES
Eduardo Martínez Caballer (oboe)
Riccardo Cecchetti (piano)

DATOS DE PRODUCCIÓN

Grabación realizada en la Sala Manuel de Falla del Conservatorio Superior de Música de Madrid los días 24 y 25 de enero de 2004.
Comentarios en castellano, italiano, inglés y francés.


CONTENIDO

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Sonata para oboe en Fa mayor K376 (374d)
Sonata para oboe en Si bemol mayor K378 (317d)
Sonata para oboe en Sol mayor K379 (373a)

1 CD - DDD - Duración total: 61.29


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Eduardo Martínez Caballer (oboe) y Riccardo Cecchetti (piano) han afrontado el reto de adaptar a sus intrumentos tres de las más hermosas Sonatas para violín y piano de W. A. Mozart. No era, ni mucho menos, una costumbre demasiado infrecuente en época del compositor tales cambios de instrumentación, a causa sobre todo de la celebridad que alcanzaban determinadas composiciones, pero también porque los autores veían incrementadas sus ganancias gracias a unos multiplicados ingresos por derechos de autor. Pero el motivo en el presente caso, como explica en el libreto Riccardo Cecchetti, cofundador del conocido conjunto camerístico Voces Intimae, no ha sido sino ''el amor a estas fantásticas sonatas y la pasión por hacer música'', es decir, las mejores razones que a uno puedan ocurrírsele. Así, este pianista y el oboísta Eduardo Martínez Caballero, cultivador de un amplio repertorio que llega hasta la contemporaneidad (fue miembro, por ejemplo, de la aclamada formación Klangforum Wien), nos ofrecen unas piezas mozartianas de timbres sin duda diferentes, aunque de intensa musicalidad y hermosos matices sonoros, conjugando a la perfección sólido equilibrio y la más sutil expresividad.
Estas tres obras serían escritas en un momento de singular importancia en la vida de Mozart. Compuestas entre 1779 y 1781, acusan en cierta forma la preocupación por el deterioro de la relación profesional que le vinculaba, en condiciones de práctica servidumbre, al Arzobispo de Salzburgo. Nuestro autor, que comenzaba ya a alcanzar notoriedad, había intentado en diversas ocasiones comenzar una carrera musical independiente, liberándose de las onerosas responsabilidades y hasta humillaciones que llevaba aparejada en el Antiguo Régimen una tarea de creación musical siempre al servicio de los humores aristocráticos y eclesiales. Pero, tras numerosas discusiones y escándalos, por fin el obstinado Arzobispo le pondría en la calle: ''la patada en el trasero más famosa de la historia; y con su impulso Mozart, y con él el músico moderno, entran de un salto en el ejercicio libre de la profesión artística'', tal como explica acertada y vivamente Cecchetti.
La Sonata en Fa mayor, K. 376, prodigio de transparencia y fluidez en el diálogo instrumental, la Sonata en Sol mayor, K. 379, con su combinación de dramatismo y delicadeza, con su impulsivo Adagio y su exquisito Andantino, y la Sonata en Si b mayor, K. 378, caracterizada en especial por ese hálito juvenil que vivifica su más tradicional estructura, suenan en estas adaptaciones con atractivas gamas de color, con gozosa intensidad y mesurado sentido de los tiempos. Además de interesante experimento tímbrico, estamos ante unas versiones capaces de dispensar un indudable disfrute.

Luis José Rodríguez Viejo

La creación de las tres sonatas presentes en esta grabación, sucede en un periodo crucial en la vida de Mozart (1779-1781), cuando su madurez artística y humana lo empujan a presentar su dimisión al servicio del Arzobispo de Salzburgo, el Cardenal Hyeronimus von Colloredo, para empezar a vivir como un compositor libre. El caso de Mozart se convierte en un símbolo de la rebelión del nuevo mundo burgués frente al antiguo régimen de la producción artística; en un momento histórico impregnado de las violentas reformas traídas por la revolución francesa.
Tras su última estancia en París, donde recibe la noticia de la muerte de su madre, Mozart regresa a Salzburgo, a la corte arzobispal, a principios de 1779. La monotonía del trabajo es pronto interrumpida por un importante encargo, el Idomeneo para el teatro de Munich. Es precisamente el éxito que obtiene con esta ópera, lo que multiplica en él la confianza y le da el valor para enfrentarse al Cardenal Colloredo, cuando éste, retirado a Viena por la muerte de María Teresa, lo reclama a su lado, como parte de su séquito. Al principio, el compositor obedece, y en Marzo de 1781 se encuentra en la residencia de los Caballeros de la Orden Alemana, donde los músicos se sientan a la mesa con los cocineros y los camareros; un buen golpe, después del reconocimiento en Munich. Pero no es éste el desprecio más intolerable, sino la prohibición de disponer directa y libremente de su capital musical. Una velada benéfica en el Teatro de Porta Carinzia, donde se interpretan una sinfonía y un concierto para pianoforte suyos- y el público gritando ¡Bravo! durante la interpretación-, le dicta una acalorada carta a su padre: _...Imagina lo que podría hacer ahora que el público me conoce, si diese un concierto por mi cuenta. Solamente esta nuestro" paleto" para impedírmelo ..._ Poco después, el "paleto-arzobispo", lo hace tocar ante sus invitados, sin darle un ducado de más sobre el sueldo de costumbre; precisamente, la misma noche que había sido invitado al palacio de la Condesa Thun, ¡donde estaba incluso el emperador!.
Llegados a ese punto, en el mes de Mayo se suceden los altercados con el Arzobispo, escenas ruidosas, los escándalos, y finalmente (estamos en Junio), el Conde Arco, gran maestro de cocina, lo echa a la calle con la patada en el trasero más famosa de la historia de la música; y con su impulso Mozart, y con él el músico moderno, entran de un salto en el ejercicio libre de la profesión artística.
Mozart intentó muchas veces iniciar una actividad musical independiente, como muestra la apesadumbrada pero no muy diplomática carta que le dirige al Arzobispo en Agosto de 1777.

Clementisimo Príncipe Soberano y Señor:
Los padres se esfuerzan por dar a sus hijos los medios para ganarse el pan por si solos, ya sea por su propio interés o en interés del Estado. En cuanto a los hijos, según tantos talentos hayan recibido de Dios, así tienen la obligación de servirse de ellos, para mejorar su situación y la de sus padres, y de proveerse solos para su propio progreso y futuro.
El Evangelio nos enseña que tenemos que hacer valer nuestros talentos. Estoy por tanto obligado, ante Dios, con plena conciencia, a testimoniar con todas mis fuerzas el agradecimiento que le tengo a mi padre, que ha consagrado sin descanso todo su tiempo a mi educación, a aliviarlo con todas mis fuerzas de los pesos que lo oprimen, y a ocuparme de mí mismo y de mi hermana, porque para mí sería demasiado penoso, el pensar cuantas horas ha pasado ella al piano sin obtener ningún provecho.
Que Su Alteza Serenisima me permita por tanto, pedir muy respetuosamente que acepte mi despedida, debiendo aprovechar yo los próximos meses otoñales, para no exponerme al mal tiempo de los meses invernales que pronto llegaran.
Su Alteza no querrá oponerse a este mi humilde ruego, ya que Vos mismo se dignó a declararme, cuando, hace ya tres años, pedí permiso para retirarme a Viena, que no tenía nada que esperar de Vos y que habría hecho mejor en buscar fortuna en otra parte.
Le agradezco muy humildemente a Su Alteza por todos los favores que de Vos he recibido, y con la esperanza de poder servirlo en mi madurez con más éxito que en el presente, me encomiendo a la indulgencia y a la gracia constante de Su Alteza Serenisima.


Las sonatas KV376/378/379 escritas por Mozart para los dos instrumentos que más dominaba, el piano y el violín, reflejan las inquietudes de ese momento además de la pasión e inspiración que siempre brillan en las composiciones mozartianas.
El oboe era un instrumento de gran difusión en la época, y a través del conocimiento y la amistad que Mozart mantenía con los excelentes músicos de la famosa orquesta de Mannheim, se convierte en uno de sus timbres favoritos. Por otra parte, hasta final del siglo XIX era bastante frecuente que las composiciones musicales fuesen interpretadas por instrumentos diferentes a sus destinatarios naturales. Primero debido a la gran difusión y popularidad, aunque también por motivos económicos (derechos de autor). A partir del amor a estas fantásticas sonatas y de la pasión por hacer música, hemos afrontado este desafío, retomando la antigua y difundida práctica y elaborando una nueva versión, con el oboe en el lugar del violín, adaptando partituras, sonoridad y fraseo, a la combinación piano-oboe.
La sonata en fa mayor KV376/KV374d fue escrita en Viena en 1781 y se compone de tres movimientos. Es el símbolo de la perfección, que Mozart resume en la equilibrada relación y dialogo entre los dos instrumentos. Comienza con un brillante Allegro, seguido por un tierno Andante en si bemol y termina con un gracioso y fascinante Rondo allegretto grazioso.
La sonata en sol mayor KV379/KZ373a, fue escrita, como la sonata en fa en Viena en 1781. Su esquema formal, así como el tonal, son unos de los más insólitos: un amplio e imponente Adagio en sol mayor, con un estilo casi improvisado, a pesar de la forma sonata, se une sin interrupción con un allegro en sol menor, de una intensa y enérgica violencia, cargada de pathos, casi un reflejo de la brutal ruptura con el Cardenal Colloredo. La sonata termina rencontrando el brillante sol mayor inicial en un dulce Andantino cantabile, compuesto por cinco variaciones de robusta vitalidad, sin perder sin embargo en ningún momento el aire popular del tema; la conclusión final de la sonata, es una coda repleta de calma y serenidad.
De escritura un tanto virtuosística, la sonata en si bemol mayor KV378/KV 317d, fue compuesta en Salzburgo en 1779. Obra maestra de gracia juvenil, en tres movimientos, se atiene a los modelos más antiguos. El primer movimiento, Allegro moderato, se distingue por el gran número y la amable amplitud de los temas, apareciendo incluso dos segundos temas.
El vértice del conjunto esta constituido por el Andantino sostenuto e cantabile en mi bemol mayor, que en la tercera parte acerca genialmente la primera sección del tema principal a la segunda del segundo tema, para después, disolver como en una niebla rosada las dos fundamentales atmósferas expresivas de la pieza, en la estupenda coda, llena de poesía mozartiana. El Rondo allegro final, une las influencias parisinas y salzburguesas en un clima alegre y despreocupado.

Riccardo Cechetti
Traducción, Carmen Sanchez

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