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Verso | ESPAÑOLA | INSTRUMENTOS | SIGLOS XX Y XXI (1 CD)

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13,95 €

Santiago Lanchares
Obra completa para piano


REF.: VRS 2028
EAN 13: 8436009800280
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FECHA DE PUBLICACIÓN
07/02/2005

INTÉRPRETES
Ananda Sukarlan (piano)


CONTENIDO

Santiago Lanchares (n.1952):

Obra completa para piano:

1 Anandamanía 2002 7:24

Dos Piezas para Alicia 2003
2 Eine kleine (Mo)zartmusik 0:37
3 Une Silhouette 1:04

Dos Danzas y un Interludio 1995/99
4 Bartòk Danza 2:40
5 Los ojos abiertos 3:01
6 Malabarista 5:04

Cinco Amigos 1984
7 París 1900 0:49
8 Oh, cello voll echo 0:19
9 Virus Attack! 0:27
10 Dentro de un orden 0:36
11 Coral 0:57

12 Dodecaedro irregular 1998 3:27

Sonata para piano 2001
13 Movimiento 1º 6:40
14 Adagio 2:56
15 Scherzo 5:02
16 Rondo 5:26

17 En el Sendero 1999 0:54

Dos Invenciones 2000
18 A dos voces 3:40
19 Sobre un motivo 2:46

20 Contra la corriente 1991 12:33

21 Renacimiento de Castor 2004 5:26

1 CD - DDD - Duración total: 73.45


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

"Por una vez, y sin que sirva de precedente, vamos a reivindicar la construcción frente a la deconstrucción, la física frente a la metafísica, la manía frente a la disolución. Lo unívoco frente a lo equívoco, la geometría de la flor frente a la indefinición de la nube." Estas palabras de Santiago Lanchares señalan su rumbo con concisión, claridad y un punto de rebeldía. Las escribió para el estreno de Musicomanía (18º Festival de Alicante), que es -en su avatar orquestal- la misma música de Anandamanía, que hace oficio de obertura de la integral para teclado que hoy felizmente nos ocupa.

En éste CD las obras saltan con velocidades trepidantes, ideas enérgicas y nítidamente conducidas. Nos van mostrando su faz franca, sus ritmos claros y perfiles definidos Anandamanía, Malabarista o Renacimiento de Castor… páginas que nacen de la confianza que se ha ido fraguando a lo largo de los años. Es la simbiosis que surge del jinete Lanchares que cabalga un pura sangre, Ananda Sukarlan, un brioso centauro con patas de piano, que por suerte para la música española reside en Cantabria desde hace más de cinco años.

Es una música joven, aunque de un autor maduro, la de Lanchares. Hace suyo un lenguaje donde se perciben ecos de las mejores influencias, de Bach a Bartók, de Scarlatti a Ligeti… pero no estamos ante un autor de amalgama, sino ante uno que ha sabido dotar al piano de unas características propias. Mucho de ello se basa en la renuncia; no en una renuncia monástica, sino en esa que delimita el terreno para crear el marco de un juego jubiloso. A diferencia de los compositores que sienten la necesidad de tocar todos los palos, Lanchares selecciona aquellos que le interesan: las alturas -temperadas forzosamente-, y los ritmos -no los tiempos blandos, no pulsados o fluctuantes. Resulta de ello y con independencia de las técnicas compositivas que emplee en cada caso, una búsqueda de la concreción, y por ende un trabajo motívico.

La aparición en el sello Verso de esta integral supone un paso definitivo para el reconocimiento de la obra pianística de Lanchares, y se muestra de la mejor manera, esto es en las manos de Ananda Sukarlan. El éxito ya ha saludado a Anandamanía, que fue la obra seleccionada por Radio Clásica para representar a España en la Tribuna Internacional de Compositores de la UNESCO. Sukarlan la ha interpretado en cuatro continentes, y todo hace barruntar que seguirá formando parte fundamental de su extensísimo repertorio. Y es que se le nota disfrutar de una rítmica, puesta en relieve por un empleo parco del pedal que el pianista indonesio asocia al rap, al funky, a los pilotos de ¡Top Gun!, como él mismo afirma en sus notas en el disco.

Esta música aristada, como cabe imaginar la figura del Dodecaedro irregular, uno de los títulos -siempre sugerentes- del compositor, nos hace olvidar la poética de las nubes, de lo borroso, que pertenecen a la sensibilidad distinta de abandonarse a las resonancias y los envolventes tejidos armónicos. Escuchar Malabarista es una invitación a la tensión, a entrar en el juego circense del más difícil todavía, de tal manera que cuando el espectáculo parece alcanzar los límites de lo posible, se incorpora algún elemento más que hace rozar lo inverosímil.

Tanto, Anandamanía, como El renacimiento de Castor, la pieza más reciente, son brillantísimas a la audición, y sin duda amenas para la interpretación de aquellos pocos que tengan la capacidad de abordarlas. Pero el origen de estas obras que nos pasman por su acabado y contundencia se remonta a bastante tiempo atrás. Ya en Cinco amigos, un trabajo de 1984 hasta ahora inédito, se esbozan muchas de las características que luego han ido cuajando. La trayectoria de Lanchares no ha sido sin embargo rectilínea, y Contra la corriente, de1991, lo atestigua con acertado título, que resalta las diferencias con las demás obras; aparecen aquí las resonancias, los trinos, las sonoridades complejas. Es pues otro mundo, al que quizás vuelva Lanchares algún día, en cualquier caso distinto del pianismo seco en las sonoridades y de estremecedores ritmos que le caracteriza y que causa la admiración de quienes lo escuchan.

Para los amantes de la complejidad hay una sonata de veinte minutos que es un hueso duro de roer tanto para el pianista como para los oyentes, nos dice Sukarlan, sin rodeos. Efectivamente, si otras obras de Lanchares cautivan inmediatamente, la Sonata precisa ser rumiada. Con ésta contrastan algunas obras breves, fáciles, donde las texturas menos densas muestran la urdimbre de los procedimientos. En definitiva, desde los niños (Dos piezas para Alicia -de 4 años) a los mayores, desde los briosos a los reflexivos, todos pueden encontrar en la integral de Lanchares su golosina.


Jacobo Durán-Loriga

TALENTO Y FINURA

Santiago Lanchares es un tipo flaco, sonriente, sensible, fino, inteligente, bienhumorado, educado y discreto hasta la timidez, a quien todos los profesionales de la música de nuestro país (los que no damos la espalda a la música de nuestro tiempo) conocemos, admiramos y queremos. Lleva bastantes, muchos años caminando por la senda de la creación musical, y lo hace con zapatillas especiales para no hacer ruido, y hablando de sus últimas composiciones solamente con amigos y con brevedad y concisión, como para no entretener, y en voz baja, como para empastar perfectamente con el contenido -jamás ampuloso, siempre modesto- de su discurso.

A Santi Lanchares debo el descubirmiento de la poesía de José Ángel Valente, años antes de que los incontrolables vericuetos de nuestra profesión me llevaran a entablar contacto personal -que, dentro de lo breve, llegó a ser francamente amistoso- con tan excepcional poeta (el cuarto centenario de la muerte de San Juan de la Cruz tuvo la "culpa"). A Santi Lanchares le he empujado alguna vez para que saliera a saludar tras la interpretación en concierto de una aplaudida obra suya, y lo he tenido como compañero de programas espléndidos (los suyos) en RNE. A Santiago Lanchares lo conozco desde hace yo qué sé el tiempo y no recuerdo ningún puñetazo sobre la mesa, ninguna pataleta, ninguna visita mendicante (o sea, para pedir), ningún grito, ninguna legítima reivindicación esgrimida con prepotencia. Santi mira, ve, escucha, oye, lee, estudia, trabaja, compone, sonríe y espera. Ignoro lo que espera -¿lo sabrá bien él?-, pero estoy seguro de que ello -lo que sea- llegará en forma de reconocimiento generalizado. No es posible que tanto talento y tanto trabajo -por callado que éste haya sido- queden sin recompensa. Habrá "estallido Lanchares", y espero verlo y entonces, por supuesto, se me oirá más de una vez aquello de: "¡ya os lo decía yo!".

Hace apenas un año formaron "Música Presente" el pianista Ananda Sukarlan -protagonista de esta esplendorosa grabación-, el acordeonista Ángel Luis Castaño, el percusionista Miquel Bernat, el director y compositor Fabián Panisello, el etnomusicólogo y compositor Polo Vallejo y los compositores David del Puerto, Jesús Rueda, José Manuel López López, Javier Arias y nuestro Santiago Lanchares. ¡Buena gente! Son una representación excelente de un grupo generacional mucho más amplio, naturalmente, y del mayor interés. Los mencionados son músicos muy distintos entre sí, pero les unen unas cuantas cosas: el talento-que todos lo tienen, por arrobas-, el deseo -la necesidad- de apoyarse mutuamente para hacerse presentes con la mayor firmeza posible en el ambiente concertístico y profesional; y la conciencia de que han de aprovechar al máximo su momento: ya no son promesas, sino realidades; ya no son jóvenes, sino hombres en su madurez; ya no tenemos que estar (los demás) expectantes ante lo que puedan dar de sí, sino dispuestos a disfrutar de lo que están dando. Incluso conscientes -ellos y nosotros- de que hay otro grupo generacional más joven haciéndose notar...

Bienvenida sea una publicación como ésta, que nos permite disfrutar de la exquisita personalidad musical de Santiago Lanchares y del poderoso pianismo de Ananda Sukarlan, de las capacidades creativa del uno y virtuosística del otro, del talento artístico de ambos.


José Luis GARCÍA DEL BUSTO
Diciembre 2004

EL PIANO ATACA DE NUEVO

Todo indica que el piano vuelve a desempeñar un papel muy importante en la música española en torno al cambio de milenio. Por alguna razón ha estado olvidado, poco explotado o incluso abandonado tras la época de Albéniz, De Falla o Granados. Ahora, la nueva y potente generación de compositores españoles, cuyas originales, expresivas y bellas obras maestras pertenecen a la flor y nata de la mejor música que se hace en la actualidad, están concentrando sus esfuerzos creativos en este instrumento. Jesús Rueda (1961) es desde luego, junto con Santiago Lanchares, el más destacado y prolífico compositor de música para piano de la España actual, con varias sonatas y obras más breves entre su inmensa producción; su música lleva el sello de una armonía exuberante y exquisita, y de un carácter apasionado. Las magníficas obras de cámara de David del Puerto siempre tratan al piano en plano de igualdad con los otros instrumentos, y ha escrito un considerable número de obras para piano solo, de gran refinamiento, así como su brillante Segunda Sinfonía para piano y orquesta, "Nusantara". Polo Vallejo (1959) explota su poderoso sentido del ritmo en sus "Cuadernos del Tiempo", una serie de estudios en los que utiliza metros, ritmos y modos yuxtapuestos.

Santiago Lanchares (nacido en Piña, Palencia, el 22 de agosto de 1952) es el compositor de más edad de esta extraordinaria y apasionante generación de músicos españoles. Sin embargo, su música refleja una eterna juventud, llena de frescura y exuberancia. Desafía y define la gravedad con sus ágiles saltos y su impetuoso vigor rítmico. Como sus colegas más jóvenes, desarrolló su original lenguaje a través de su interés por músicas de épocas y lugares lejanos, desde la polifonía medieval hasta la música pop del siglo XX. Lanchares tuvo un inicio bastante tardío en la composición: su opus 1 (Cinco Amigos) fue escrito en 1984, aunque enseguida logró establecer un lenguaje propio. A diferencia de Jesús Rueda, que retomó la línea de la tradición del piano romántico que había quedado interrumpida después de Rachmaninov, y la continuó con su propia voz, radical y original, el estilo musical de Santiago Lanchares -que es igualmente sólido y original por derecho propio- está profundamente influido por la sonoridad percusiva de Bartók, Britten y Stravinsky.

Anandamanía representa hasta la fecha la culminación de sus logros pianísticos. La idea que subyace a la pieza en realidad es tan sencilla como el vertiginoso tema de los pilotos de "Top Gun," la película de Tony Scott: "¡Tengo necesidad ... de velocidad!" Sin embargo, su rica textura está intensamente cargada con técnicas antifonales del siglo XV (¡a una velocidad acelerada hasta un grado casi supersónico!), ritmos aditivos orientales, y métodos africanos de desplazamiento rítmico. Anandamanía tuvo un éxito clamoroso en su estreno en el Auditorio Nacional de Madrid el 9 de abril de 2003, y en su retransmisión a través de Radio Nacional de España. Fue seleccionada para representar a España en la Tribuna Internacional de Compositores de la UNESCO menos de una semana después, y ya ha sido interpretada en cuatro continentes; nunca una obra de piano de un compositor español había despertado semejante entusiasmo. No está nada mal, teniendo en cuenta cómo fue la gestación de la obra: quien escribe estas líneas, que es -obviamente -el dedicatario de la partitura, le pidió a Lanchares una pieza breve, veloz y pegadiza, para finalizar su concierto de la integral de las obras pianísticas del compositor en el acontecimiento arriba mencionado, una especie de tocata a lo Prokofiev. No resultó ser a lo Prokofiev ni tampoco una tocata, ¡y desde luego cuando yo hablaba de "breve y pegadiza" no me refería a una pieza de 7 minutos de duración, con unas exigencias técnicas sobrehumanas!

Anandamanía apareció inmediatamente después de que Lanchares acabara su obra para piano más importante, la Sonata para piano (2001) que le llevó casi un año entero de trabajo (y que incluso retocó después de haber finalizado Anandamanía). Quizá Anandamanía fuese la explosión del espíritu ligero que se hallaba oculto cuando Lanchares escribió esta obra en cuatro movimientos, de gran ambición y complejidad. Aunque los movimientos se corresponden con la forma tradicional, el tratamiento de los materiales es bastante audaz y radical. A diferencia de la mayoría de las composiciones de Lanchares, el lenguaje armónico de la Sonata es muy cromático, y su atmósfera bastante austera incluso en el carácter más liviano del scherzo del tercer movimiento. Su suprema destreza nunca deja impasible al oyente; su belleza radica en las modulaciones métricas perfectamente equilibradas, los polirritmos y las polifonías meticulosamente elaborados, así como en las imaginativas y abundantes exigencias pianísticas que enriquecen el extraordinario mundo sonoro de esta obra rigurosamente construida, de veinte minutos de duración, que realmente es un hueso duro de roer tanto para el pianista como para los oyentes. Si se tratase de un libro, podría tener un título como "La guía completa y definitiva sobre cómo tratar (múltiples) ritmos, metros y velocidades". Fruto de un encargo del Ministerio de Cultura español, esta obra, la cima de su carrera artística hasta la fecha, está dedicada a la persona más importante de su vida, su encantadora esposa Ángeles.

"La necesidad de velocidad" en efecto está presente en muchas de las obras pianísticas de Lanchares: mientras que Anandamanía se dedica a explotarla, Malabarista la manipula. En esta última pieza, las dos manos no alcanzan una verdadera velocidad extrema hasta los dos minutos finales de la obra. Pero ya desde el mismo comienzo Lanchares hace que se superpongan ambas manos de manera ingeniosa para sugerir una falsa impresión de gran velocidad; de ahí el título: Malabarista, ¡quien en realidad es el propio compositor, que como un acróbata exhibe con brillantez sus hábiles técnicas compositivas!

Malabarista fue escrita originalmente como una partitura autónoma, pero más tarde se convertiría en la última pieza de Dos Danzas y Un Interludio. Las otras dos piezas también se escribieron independientemente: la primera es Bartók Danza, un encargo de la Radio Húngara. Por supuesto, la palabra "Danza" no se debe tomar en un sentido demasiado literal, puesto que casi toda la pieza está construida a base de ritmos aditivos, y por tanto irregulares. El nombre de "Bartók" también es algo equívoco (aunque desde luego es uno de los compositores más admirados por Lanchares), y no se pueden encontrar rasgos húngaros ni influencias de otras músicas folclóricas en esta pieza. Por otra parte, Los Ojos Abiertos, que se convirtió en el interludio, es un homenaje a Toru Takemitsu, y está influida por las piezas de éste tituladas "Les Yeux Clos" (Los Ojos Cerrados). En esta partitura de Lanchares, los ritmos dan paso a una textura llena de color y a una polifonía sutil, en contraste con las otras dos piezas, de marcado carácter rítmico y enormemente percutivas, quela enmarcan. Las tres piezas están dedicadas a diferentes personas: Bartók Danza a dos amigos del compositor, Pili Lobo y José Humara, Los Ojos Abiertos a Rafa Velasco, y Malabarista a su hermano Javi Lanchares.

Una de las obras más atractivas de Santiago Lanchares es su música de cuarenta minutos de duración para el ballet Castor & Pollux (2004). Escrito para el dúo AM Frequency, integrado por quien esto escribe y el percusionista Miquel Bernat, distintos números del ballet se pueden tocar de forma independiente, haciendo la pausa más breve posible entre cada número, según aconseja el compositor. Aunque ambos músicos pretenden ser una unidad, en algunos momentos del ballet el pianista claramente representa al personaje de Castor (empleando un modo más "tonal") y el percusionista a Pollux, que es más cromático en su lenguaje armónico; de aquí el episodio para solo de percusión en el que Pollux se lamenta por la muerte de su hermano gemelo y suplica a Zeus que lo reviva, seguido del Renacimiento de Castor para piano solo. Cada personaje de este ballet posee sus propios temas, y en "Renacimiento" el tema de Castor se presenta en forma de espejo, simbolizando el surgimiento de una nueva vida en un cuerpo ya existente. Renacimiento está dedicado a su amigo y compositor Jacobo Durán Loriga.

Cinco Amigos en realidad fue su opus 1, escrito en 1984 y sin conocer todavía a algunos de los dedicatarios de estas piezas breves. Permaneció en un cajón durante todos estos años, y durante una visita a la casa de Lanchares en Madrid, el compositor me mostró algunos manuscritos de obras tempranas que no juzgaba dignas de ser interpretadas (ni siquiera de pensar en ellas). Conseguí persuadirle para que retocara cinco piezas (muy) breves, que por entonces aún carecían de título. El compositor aceptó, eliminó o añadió muy pocas notas, o realizó otros cambios menores, y se las entregó a modo de "tarjetas postales" a sus amigos, entre los cuales tengo el honor de contarme. Aunque tal vez no posean las fuertes características de las obras posteriores de Lanchares, son joyas exquisitas y pueden servir como una agradable introducción a su obra, para ser tocadas por pianistas (más) jóvenes, ya sea con objetivos educativos o para ser interpretadas en un recital de piano. Cada una de ellas trata de técnicas pianísticas específicas: un contraste entre la interpretación "impresionista" y el toque percusivo en Virus Attack!; equilibrio de diferentes voces en acordes (arpegiados) en París, 1900 y Corale; portati y staccati en la interpretación polifónica tanto en Dentro de un orden como en ¡Oh, cello voll echo ! (adviértase el palíndromo del título, que refleja la escritura palíndroma -y de espejo- de esta última pieza) .

Otra obra temprana de Lanchares es Contra la corriente, escrita en 1989-90, y dedicada al pianista Jean-Pierre Dupuy. Basada casi enteramente en arpegios de diferentes velocidades y sus resonancias, sufrió varias revisiones después de haber sido editada (entre las cuales se incluye cierto uso adicional de los tres pedales sugerido por quien esto escribe), y la versión definitiva, a la que llegó tan sólo unos días antes de realizarse la grabación, permanece en forma manuscrita. El ritmo, que desempeña un papel muy importante en sus obras posteriores, aquí todavía está bastante poco desarrollado, aunque la sensibilidad del compositor para los ritmos, los contrastes y las densidades cambiantes ya es claramente manifiesta en esta pieza intensa y llena de animación.

Las otras tres encantadoras piezas breves de esta grabación tienen en común con Cinco Amigos el ser también un tributo de amistad, pero se escribieron mucho después: Dos piezas para Alicia fueron escritas en el verano de 2003, durante la estancia del compositor en mi casa; son regalos musicales para mi hija (que entonces tenía cuatro años). En el Sendero es un obsequio del compositor a su amigo Carlos Galán. Aunque técnicamente son bastante sencillas, siguen demandando una sensibilidad y una versatilidad táctil que normalmente aún no han adquirido los pianistas muy jóvenes.

Dos Invenciones (1999), dedicadas a Carmelo Bernaola, son dos breves piezas polifónicas que exigen una técnica pianística intermedia, aunque la "necesidad de velocidad" (¡y de saltos!) no deja de ser un aspecto importante. La escritura pianística es, como en la mayoría de sus composiciones para piano, percusiva y fuertemente articulada (enormemente desenvuelta, más portato que staccato salvo que se indique lo contrario), sin embargo es necesario manejar una amplia paleta de colores para poder expresar su carácter. La primera es profundamente disonante, y la segunda está enteramente construida sobre un modo de seis notas: ¡hay que tener mucho cuidado para no dar una nota falsa, pues destacaría de forma muy evidente!

El compositor Luis De Pablo no sólo es muy respetado como uno de los principales pilares de la música española del siglo XX merced a su obra; también ha sido maestro de gran parte de las nuevas generaciones de jóvenes compositores españoles que ahora han alcanzado una reputación mundial, como David Del Puerto, Jesús Rueda, José Manuel López López y, por supuesto, Santiago Lanchares. Para celebrar el 70 aniversario de De Pablo en el año 2000, quien esto escribe pidió a dichos compositores y a otros antiguos alumnos de De Pablo que compusiesen cada uno una breve pieza de piano. Uno de los resultados es el funky Dodecaedro Irregular de Lanchares, entre cuyos ingredientes no sólo hay picantes modos disonantes, sino también ingeniosas polisíncopas influidas por la música rap.

Ananda SUKARLAN
Noviembre 2004

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