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Verso | ESPAÑOLA | SIGLOS XX Y XXI | SINFONICA (1 CD)

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8,95 €

Gerardo Gombau
Obra completa para conjunto instrumental


REF.: VRS 2042
EAN 13: 8436009800426
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De la mano del infatigable José Luis Temes aparece un CD tan necesario como esclarecedor. Se trata de un monográfico dedicado a una de las figuras mayores de la música española del siglo XX, el salmantino Gerardo Gombau (1906-1971), maestro de maestros y autor de una obra tan apasionante como variada, que incluye desde piezas fundamentales como ‘Álea 68’ o ‘Los invisibles átomos del aire’, a las músicas para el noticiario NO-DO, también recogidas en el CD, admirablemente interpretadas por el Taller de Música Contemporánea de Salamanca.

FECHA DE PUBLICACIÓN
12/12/2006

INTÉRPRETES
María José Sánchez, soprano
Taller de Música Contemporánea de Salamanca
José Luis Temes, dirección

DATOS DE PRODUCCIÓN

Primeras grabaciones discográficas, excepto Música para ocho ejecutantes & Música 3


CONTENIDO
Gerardo Gombau (1906-1971):

Texturas y estructuras (1963)
Música para ocho ejecutantes (1966)
Música 3 (1967)
Alea 68 (1968)
Paráfrasis sobre textos beethovenianos (1970)
Los invisibles átomos del aire (1970)

BONUS:
Música para NO-DO (1968)
Experiencias Electroacústicas (1968)

1 CD - DDD - TT: 64' 42

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

2006 tocaba ya a su fin y parecía que, como en el caso de sus coetáneos G. Durán y G. Pittaluga, iba a pasar en insensato silencio fonográfico el centenario de su nacimiento… y he aquí que VERSO nos saluda con la edición de este registro en torno de la obra del salmantino Gerardo Gombau.
Vinculable por edad a la 'Generación de la República', ni la prematura muerte del compositor ni la usual desidia de la música española hacia su patrimonio reciente explican que su presencia actual en los auditorios se haya convertido en una rareza y que sólo algunas muestras de su catálogo de los años 50 -el Trío en Fa #, el Apunte bético o las Tres piezas de la Belle Époque- hayan ganado un hueco en el mundo del disco.
Este déficit viene a subsanarse con la presente grabación, que reúne la obra para grupo instrumental del autor entre 1963 y 1970, un período en que su estrecha relación con los músicos de la 'Generación del 51' -los Barce, Bernaola, de Pablo, Halffter…- le movió a un intenso y feraz proceso de renovación estética.
Así, desde la concisión de Texturas y estructuras (1963) o la agudeza constructiva de Música 3+1 (1966), el estilo de Gombau logra notas de gran hondura en Música para ocho ejecutantes (1966) y, sobre todo, en la extensa Alea 68 (1968), con un fascinante uso de la percusión, y en la delicada Los invisibles átomos del aire (1970), sobre textos de Bécquer.
Cuidadas versiones las del Taller de Música Contemporánea de Salamanca, regido por J. L. Temes, que también firma las notas informativas, y con la expresiva colaboración de Mª J. Sánchez en Los invisibles átomos…, quienes brindan cinco obras en primera grabación mundial y restauran dignamente el material electrónico original en dicha obra vocal y en las notables Experiencias electroacústicas (1968) que cierran el disco.

Germán Gan Quesada


GERADO GOMBAU, una trayectoria ejemplar

Vista con la perspectiva del tiempo, las trayectorias humana y creadora de Gerardo Gombau nos aparecen como ejemplares dentro de la composición española del último siglo. Sin duda ello explica el general respeto y admiración que su nombre inspiró a cuantos le conocieron. Modelo de actitud ética ante la vida, el joven Gombau consiguió ya desde su juventud un lugar propio en la vida musical española como compositor de la generación nacionalista o casticista. Ello sumado a su condición de catedrático del Conservatorio de Madrid, alcanzada a los 39 años, le hubiera podido mantener en una dorada posición desahogada durante los últimos treinta años de su vida.

Pero muy lejos de ello, ya sobrepasados los cincuenta años de edad, Gombau renovó su juvenil curiosidad por todo lo desconocidoo, interesándose por las novedades del lenguaje musical europeo de la época, de tal manera que, al igual que sus colegas mucho más jóvenes que él, inició entonces un cambio radical en su música, convirtiéndose en aliado y cómplice de las nuevas generaciones de compositores que por edad bien podrían ser sus hijos. Y no sólo mantuvo esta actitud Gombau desde su catálogo propio sino desde sus escritos, conferencias, lucidísimas sesiones de análisis, programas radiofónicos, etc., con los que iluminó a toda una generación de compositores, artistas, intelectuales y aficionados.

Había nacido Gerardo Gombau Guerra (que, de eterno buen humor, acostumbraba a bromear sobre sus iniciales, GGG) en la ciudad de Salamanca el 3 de agosto de 1906. Ya desde la infancia se empapó de cuantas funciones de zarzuela, conciertos de cámara, actuaciones de bandas, etc. menudeaban en su ciudad natal. Inició los estudios de música en su propia ciudad (especialmente con el más importante músico de su tierra, Dámaso Ledesma), que continuó en el Conservatorio de Madrid con José Tragó (piano) y Conrado del Campo (composición), entre otros. De vuelta a Salamanca, le vemos en 1935 como profesor de su Conservatorio Regional. Tras la guerra civil (1936-1939), que Gombau vivió en el Madrid sitiado, fundó en 1942 la Orquesta de Salamanca, que llegó a tener una vida muy activa. Por entonces Gombau había casado ya con Angelines Cuesta; el matrimonio no tendría hijos.

Gombau se interesó siempre por las músicas ligeras, comerciales, bailables, funcionales, cinematográficas..., e incluso por el genero de la revista. "No reniego en absoluto de las horas dedicadas a estos géneros, que a veces nos enseñan mucho a los músicos escolásticos. Además, me proporcionaron una visión muy amplia del oficio de músico, que luego me fue muy útil", declararía años después nuestro protagonista.

En 1945 consiguió por oposición la Cátedra de Acompañamiento Instrumental en el Real Conservatorio de Madrid, destino que desempeñó con admirable celo hasta el día mismo de su fallecimiento. En los años cincuenta era ya Gombau un compositor reputado, dentro de la oleada casticista tan asentada en su generación. Entre su producción más notable se contaban ya obras sinfónicas como Don Quijote velando las armas o Danza para un ballet charro (ambas de 1945), Sonata para pequeña orquesta (1953) o camerísticas como Escena y danza charra (1932) o Trío en Fa sostenido (1954), acaso su obra luego más interpretada.

Pero desde ese momento, y como antes dijimos, Gombau gira su mirada hacia las corrientes europeas consecuencia de la Escuela de Viena, entusiasmándose por los nuevos procedimientos seriales. Tras largas reflexiones, estudios e inseguridades primeras, desde inicios de los años sesenta se incorporará a estas corrientes con aportaciones propias de primer orden, entre las que se cuentan algunas de las obras que en este disco recogemos. Salvo la también admirable figura de Roberto Gerhard, este giro fue insólito en creador alguno de su época. Más aun: los años sesenta serán de profunda curiosidad por los medios electroacústicos, también muy incipientes en Europa y en España por entonces. Su íntimo amigo Luis de Pablo pone a su disposición el Laboratorio Electrónico de Alea, que visita Gombau repetidas veces con la curiosidad de un joven compositor... superados ya los sesenta años de edad.

La muerte le sorprendió de manera inesperada el 13 de noviembre de 1971. Su capilla ardiente, en el Conservatorio de Madrid (sito entonces en el Teatro Real), se convirtió en una manifestación de admiración y dolor del arte español de su época.


LAS OBRAS CONTENIDAS EN ESTE DISCO

El presente disco recoge la totalidad de las obras de concierto que compuso Gerardo Gombau para conjunto de entre 4 y 16 instrumentistas. Matizamos lo de "obras de concierto" porque en su juventud compuso también algunas otras piezas de música ligera para conjuntos diversos, que, obviamente, él mismo no consideraba en su catálogo principal; además, son de muy difícil reconstrucción por no conservarse en muchos casos más que algunos guiones o borradores. Por otra parte, en la catalogación de su legado personal (hoy en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid) que realizó Julia Esther García Manzano, figuran otras dos piezas -Homenaje a Luis de Narváez (1962) y Homenaje a Vicente Sempere (1963)- que no pasaron tampoco del estadio de borradores. Sí hemos incluido, sin embargo, en este resumen la obra Los invisibles átomos de aire, en que el grupo instrumental aparece pregrabado y transformado en cinta magnetofónica.

La obra que abre nuestro disco, Texturas y estructuras (1963), es una composición para quinteto clásico de viento que, pese a su brevedad, puede contarse entre lo mejor de la música española para conjunto de aquella época. Pues es tal la intensidad de su discurso y su multiplicidad de acontecimientos, altamente condensados, que puede escucharse una y cien veces en la seguridad de que cada vez se nos revelará algún ángulo nuevo. De ahí también su complejidad de interpretación, no sólo en cuanto ensamblaje de las partes, sino a la búsqueda del sentido unitario de la interpretación, lo que ha llevado en numerosas ocasiones -en este disco, por ejemplo- a preferirse la presencia de un director que garantice la "versión" de la obra como tal.

No hay duda de que Gombau tiene en su cabeza los modelos de Anton Webern al abordar esta obra (también en Música 3+1, que recogemos también en este disco) y que no sólo su gramática es rigurosamente serial, sino también su manera de construir la estructura y la textura de su discurso; de ahí el título de la composición. Webern ilumina aquí no sólo la técnica de la partitura sino más aun la manera en la que el oyente debe acercarse a estas sonoridades.

Texturas y estructuras fue compuesto en el verano de 1963; su estreno tuvo lugar en el Ateneo de Madrid el 5 de marzo del año siguiente, en versión del Quinteto de Viento de Madrid. Posteriormente, el Quinteto Koan, que preparó la obra muy minuciosamente con el propio Gombau, la difundió en numerosísimos conciertos.

Tres años después del antedicho quinteto, es decir, en 1966, aborda Gombau la composición de Música para ocho ejecutantes (recuperamos aquí su título original, por más que luego haya circulado más habitualmente con el abreviado de Música para ocho); es también una pieza de alta condensación y brevedad, y otro hito en la música española de la época. El material básico es mínimo, pero suficiente para una obra que nace directamente para el instrumental empleado, y que en realidad es un cuarteto de parejas: dos maderas, dos metales, dos cuerdas y dos percusiones.

El punto de partida para esta composición será el fallecimiento en 1966 del infante José Eugenio de Baviera y Borbón, aristócrata, intelectual, académico y hombre muy sensible al arte contemporáneo, y que realizó importante labor de mecenazgo -y de "paraguas" sociopolítico- a las nacientes escuelas españolas por aquella época; Gombau mantenía con él una estrecha amistad. En concreto, la nueva obra fue resultado de una invitación del siempre inquieto Fernando Ruiz Coca, responsable del Aula de Música del Ateneo de Madrid -que tan importante papel jugaría en la difusión de las nuevas músicas en aquellos años-, quien organizó en dicho Ateneo una sesión en memoria del infante fallecido, y en cuya organización material colaboró también el propio Gombau. El músico salmantino sería así mismo el director musical de la sesión (23.11.1966), al frente de un grupo instrumental que se había fijado en los encargos como de un máximo de ocho ejecutantes.


Música 3+1 es el título del único cuarteto de cuerda de Gombau, compuesto en 1967 por encargo de Enrique Franco -a quien está dedicado-, en nombre de Radio Nacional de España. Apenas siete minutos de música son suficientes para que Gombau nos muestre su dominio no sólo de la técnica serial aplicada al cuarteto de cuerda sino su capacidad de artista para hacer de ello un discurso de alta belleza. Pues tuvo siempre claro Gombau -ya lo dijimos en los párrafos introductorios- que adentrarse en el terreno del dodecafonismo por simple snobismo para demostrar que se estaba al tanto de las novedades musicales de la Europa de entonces era un objetivo poco atractivo: si tomaba ese camino era sólo si se podía demostrar que se podía crear una verdadera belleza de nuevo cuño a partir de lenguajes técnicamente novedosos.

La razón del título reside en la estructura misma de la obra, pues el eje de la forma estriba en una línea protagonista de cada uno de los cuatro instrumentos, sucesivamente, al que los otros tres sirven de colchón. Estos breves discursos de cada uno de los instrumentos se producen por el orden: violín I, violoncello, viola y violín II. Entre estos cuatro mini-discursos que justifican el título se extienden breves secciones bisagra y una coda final.

Tras los años de conquista del lenguaje serial como vehículo de belleza sonora, Gerardo Gombau se interna, en los que serán los últimos tres años de su vida creativa (1968-1971), en el terreno de la música concreta y electrónica; o digamos, más genéricamente, de la música electroacústica.

Si su primer acercamiento será en la Cantata para la inauguración de una losa de ensayos (1968), para cuatro voces, orquesta de cámara y cinta pregrabada, el segundo lo será a partir de un encargo que le formuló su entrañable amigo Luis de Pablo. Sobradamente sabido es que en aquellos años la institución privada "Alea" luchaba con admirable fe por llevar hasta los aficionados interesados las propuestas musicales más novedosas en España, de mínima cabida en las programaciones camerísticas convencionales. Y cómo el compositor bilbaíno lideró este colectivo, cuya biografía se extiende entre 1965 y 1972, hasta llevarle a verdaderos hitos en la historia de la vida musical española.

Alea dispuso, además, del primer laboratorio de música electrónica mínimamente serio que se creaba en España, con sede en un pequeño ático de la calle de San Bernabé. Allí, debidamente asesorado desde el punto de vista técnológico por Jesús Ocaña, Gombau se adentró en los entonces nacientes "misterios" de la producción artificial del sonido. "Sin aquel asesoramiento técnico seguro que habría dejado sumido en el caos el alumbrado público de la zona", recuerda Gombau desenfadadamente.

Y así puso en marcha Gombau esta nueva composición, en la que la electroacústica sirve de nexo -no de contraste, asevera el compositor- entre los diversos grupos del conjunto de cámara y entre las diversas secciones de la obra. De manera un tanto "iconoclasta" ombau confía la cadencia principal a un único plato suspendido.

Estrenada en el Teatro Real de Madrid ya entrado 1969 (concretamente, el 14 de abril), fue su primer intérprete el grupo instrumental con el que habitualmente contaba Alea, bajo la batuta de José María Franco Gil.

Gombau compuso Los invisibles átomos del aire, para voz y grupo instrumental pregrabado y transformado en cinta magnética, en respuesta a un nuevo encargo del Aula de Música del Ateneo de Madrid, con vistas a un concierto en homenaje al poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), en el centenario de su muerte.

En efecto, la entonces inquietísima sección de música del citado Ateneo, de la que, como dijimos, era responsable Fernando Ruiz Coca, programó con el referido motivo un concierto a celebrar en su propia sede el 29 de octubre de 1970, y formuló a doce compositores españoles sendos encargos en homenaje al poeta andaluz. Los intérpretes destinatarios eran la cantante Esperanza Abad y el pianista Joaquín Parra, dos músicos a los que tanto debe la música española de aquellos años. Los compositores nominados fueron J. M. Mestres Quadreny, A. García Abril, E. Polonio, C. Cruz de Castro, A. González Acilu, M. Valls, F. Estévez, R. Alís, J. L. Téllez, F. Otero, F. Cano y nuestro protagonista, Gerardo Gombau. Obsérvese que éste era, con mucha diferencia, el compositor de mayor edad de la lista citada y cómo el nombre de Gombau era incluído por aquellos años entre los de otros jóvenes compositores, llamemos "de vanguardia", que por edad bien pudieran ser sus hijos.

Gombau respondió al encargo no con una obra para soprano y piano, que era la plantilla base para el concierto, sino con una obra para voz y conjunto de cámara, en la que éste iba pregrabado en cinta magnética. El grupo instrumental -que en realidad no funciona como tal, sino como sucesión de timbres, que Gombau transforma artesanalmente- lo integran piano, clave, xilófono, vibráfono, arpa, y voces diversas (bien a solo, bien en coro). La cinta pregrabada fue realizada también en el primitivo laboratorio de Alea. Esperanza Abad, excelente intérprete vocal en el estreno absoluto, divulgó ampliamente esta partitura en los años siguientes.

Del mismo año que la obra que acabamos de referir, y también fruto de otro encargo en homenaje a otro gran artista del pasado, fue Paráfrasis sobre temas beethovenianos, para 12 instrumentistas de metal y 4 percusionistas, aunque lagénesis de la composición es ahora bien diferente. Lo primero que hay que decir es que estamos ante el primer encargo que la Orquesta Nacional de España realizó en su historia. Era Rafael Frühbeck de Burgos su director titular en aquel momento y consideró oportuno abrir la temporada 1970-71 con una obra nueva que abanderase los varios actos que el elemento estatal promovió aquel año con motivo del bicentenario del nacimiento de Ludwig van Beethoven. La obra encargo había de abrir el concierto primero de dicha temporada (16, 17 y 18 de octubre de 1970) y acaso por ello optó Gombau -o acaso fuera condicionante del encargo, no lo sabemos- por escribir una a modo de fanfarria inaugural, lo que explica que un encargo orquestal se materializara en una obra sólo para metales y percusiones. De hecho, en el programa del estreno figura como Fanfare (luego, Fanfarria) sobre temas beethovenianos., mientras que en la partitura definitiva figura como Paráfasis sobre temas beethovenianos.

Gombau especificó en alguna nota periodística de la época que había sido muy cauto al componer esta obra de encargo; pues sabía bien que las nacientes "vanguardias" no eran nada bien recibidas por una mayoría del público habitual de la Orquesta Nacional en el Teatro Real; y que no quiso tensar más la cuerda del arco de manera que una obra "iconoclasta" pudiera dar al traste con la naciente iniciativa de encargar nueva música a compositores españoles. Lejos, pues, de la provocación, compuso una partitura "conciliadora" en la que a partir de cuatro temas básicos beethovenianos desarrollaba una paráfrasis de base tonal, pero de consecuencias muy expandidas, que pudiera ligar tanto con la sensibilidad de los más modernistas como de los más conservadores.

Aunque la breve obra se desarrolla de un solo trazo, cabe distinguir hasta cuatro mini-movimientos en su transcurso, como si de una mini-forma sonata se tratara, en homenaje al coloso de la sinfonía que da título a la obra. Por cierto, que sabemos que Gombau, con su habitual sentido del humor se refería a esta obra como su "Sinfonía en cinco minutos", título que, según parece, quiso incluso dar formalmente a la composición, aunque no llegó a hacerlo.

Y ADEMÁS... / BONUS

Las seis obras antedichas integran, como dijimos, el catálogo de música para conjunto de Gerardo Gombau. Pero dada la breve duración de las piezas, podemos recoger también en este disco otros dos testimonios bien curiosos del quehacer creador de nuestro protagonista:

El primero de ellos es una serie de seis breves piezas que compuso Gombau con destino a la revista cinematográfica NO-DO, de obligada proyección en los cines españoles durante los años del régimen político autodenominado Movimiento Nacional (1939-1975). Aunque de evidente sesgo político en pro del régimen, casi nadie discute la buena calidad periodística y cinematográfica de estos informativos en imágenes, que incluso a veces contaron, como en este caso, con músicas compuestas exprofeso por magníficos profesionales. Cada una de estas músicas servía de fondo a una noticia concreta; esta de Gombau que aquí recogemos corresponde al año 1968. Por cierto, que nos ha parecido oportuno dejar la voz que "canta" las claquetas de las tomas de estudio, pues es la del propio maestro Gombau.

El otro documento recogido para finalizar el disco constituye el único trabajo de Gombau en solitario en materia de música electrónica y concreta pregrabada íntegramente, es decir, sin participación de elementos en vivo; su título es Experiencias electroacústicas y fue elaborada en 1968 de nuevo por invitación del Laboratorio Alea, en Madrid. En ese mismo año y en el mismo laboratorio, compuso también Gombau otra obra de este género, Misterios al descubierto, pero en esa ocasión fue en colaboración su buen amigo y antiguo alumno el compositor madrileño Miguel Ángel Coria. En realidad, Experiencias electroacústicas no es propiamente una obra en el sentido formal del término, sino una sucesión de procedimientos de obtención electrónica de sonidos, sin esquivar incluso la melodía convencional obtenida por medio de generadores.


SOBRE LAS CINTAS MAGNÉTICAS EMPLEADAS EN LAS OBRAS ELECTROACÚSTICAS

La totalidad de las cintas magnéticas que elaboró Gerardo Gombau para sus obras electroacústicas -todas ellas en el Laboratorio Alea- se encuentran hoy en el Legado Gombau, propiedad de la Biblioteca Nacional de España. Ya que las cintas que circulan habitualmente son de muy poca calidad, dicha Biblioteca nos ha autorizado -y públicamente expresamos nuestro agradecimiento por ello- a sacar ese material original para su digitalización, limpieza y posterior utilización en este disco.

No obstante, esos mismos originales se encuentran en muy mal estado, probablemente porque fueron grabados y conservados en circunstancias nada favorables. De modo que las deficiencias que el oyente puede apreciar en dichas grabaciones proceden de los originales mismos, pues hemos de pensar que estamos muy en los albores de la música electroacústica en España. Y no hemos considerado riguroso reelaborar nada de aquellas cintas ni mucho menos añadir o retirar nada que no estuviera en el pensamiento original de Gombau. En este sentido, la versión aquí recogida de Los invisibles átomos del aire tiene un inevitable carácter casi diríamos que "arqueológico".

 

TALLER DE MÚSICA CONTEMPORÁNEA DE SALAMANCA

Fue fundado en 1999 en el seno del Conservatorio Superior de Música de Salamanca. En ese año el extraordinario pianista Alberto Rosado (Salamanca, 1970) comenzó a impartir Música de Cámara en dicho conservatorio y, deseoso de llevar las enseñanzas de su departamento más allá de la mera cotidianidad didáctica, fundó un colectivo de alumnos especialmente interesados en la música actual, en los que las enseñanzas recibidas en la clase se proyectaran hacia el exterior, a través de un conjunto instrumental que pudiera ofrecer conciertos públicos de alta calidad.

Lo que en principio se planteó como una mera experiencia didáctica, fue convirtiéndose poco a poco en un verdadero aglutinante de alumnos con un nivel interpretativo de rango superior. En los siete años transcurridos desde su creación, han pasado por este singular Taller casi doscientos músicos, que han interpretado obras de los compositores más representativos del siglo XX y XXI, incluyendo estrenos de una treintena de obras. José de Eusebio, José Luis Temes, Javier Castro, Zsolt Nagy o Wolfgang Lischke han -hemos- sido algunos de sus directores invitados hasta el momento.


MARÍA JOSÉ SÁNCHEZ, soprano. Nació en Salamanca. Estudió en la Escuela Superior de Canto de Madrid con Teresa Tourné, Valentín Elcoro, Miguel Zanetti, Odón Alonso y José Luis Alonso; y música barroca con Nigel Rogers.

Desde el comienzo de su actividad profesional abordó muy diversas vertientes de la música vocal: en grupos de cámara interpretando música antigua y barroca (grupos SEMA, Pro Mvsica Antiqva de Madrid, La Stravaganza, Camerata del Prado, etc.); interviniendo en montajes de ópera y zarzuela en teatros como La Zarzuela, de Madrid: Liceo, de Barcelona: La Maestranza, de Sevilla: Campoamor, de Oviedo; Opera Royal, de Wallonie (Lieja); etc., cantando junto a Berganza, Carreras, Domingo, Lima, Bayo, etc.; colaborando en la recuperación de importantes títulos del repertorio lírico español; y, por supuesto, en el genero del oratorio, la canción y el Lied.

Comprometida con la creación contemporánea, colabora con los grupos Koan, Círculo, Proyecto Guerrero, etc. Interviene en el estreno absoluto de la ópera Luz de oscura llama, de E. Pérez Maseda, y de una gran cantidad de obras de compositores actuales, lo que la convierte en una auténtica especialista en el género.


JOSÉ LUIS TEMES nació en Madrid en 1956. Estudió principalmente con los profesores Labarra, Sopeña, Llácer y Martín Porrás. Titulado por el Conservatorio de su ciudad natal, dirigió entre 1976 y 1980 el Grupo de Percusión de Madrid, y el Grupo Círculo entre 1983 y 1999.

Ha estado al frente de la práctica totalidad de las orquestas españolas; también de otras de diversos países: Filarmónica de Londres, Gulbenkian de Lisboa, Filarmónica de Poznan, Radio de Belgrado, etc. En sus veintisiete años como director, Temes ha dirigido el estreno de más de 280 obras, entre ellas cuatro óperas y varios ballets. Ha grabado más de cincuenta discos, casi siempre con música contemporánea española, y participado en los principales festivales internacionales de música nueva: Nueva York, Londres, París, Roma, Milán, Viena, Zagreb, Lisboa y un largo etcétera.

Ha compaginado siempre su trabajo como director de orquesta con una amplia labor como profesor, conferenciante y gestor. Es autor de numerosos libros y ensayos, entre los que destacan: Instrumentos de percusión en la música actual (Digesa, 1979), Apuntes anecdóticos de historia de la música (Línea, 1983), un extenso Tratado de Solfeo Contemporáneo (Línea, 1982-1992), una biografía de Anton Webern (CBA, 1988) y otra sobre José Luis Turina (OFM, 2006) sí como dos volúmenes sobre la historia perdida de El Círculo de Bellas Artes de Madrid (Alianza, 2000/2003).

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