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Verso | ESPAÑOLA | INSTRUMENTOS | SIGLOS XX Y XXI (1 CD)

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8,95 €

José Manuel López López
Música para piano


REF.: VRS 2050
EAN 13: 8436009800501


En la música pianística de José Manuel López López (Madrid, 1956) traslucen nítidamente sus intereses de vanguardia: un rico concepto del timbre, entendido como tejido de tiempos microscópicos, y la belleza intrínseca del sonido mismo, que emerge aquí a través del consumado pianismo del salmantino Alberto Rosado, uno de nuestros músicos más audaces, penetrantes y rigurosos, así como de sofisticados procesos de manipulación electrónica, que permiten al oyente percibir el registro del instrumento hasta sus últimas consecuencias acústicas.


FECHA DE PUBLICACIÓN
09/05/2008

INTÉRPRETES

Alberto Rosado, piano



CONTENIDO

José Manuel López López (1956):

1. Lo fijo y lo volátil (7'27'')
2. Bien à toi (5'27'')
3. Finestra in la Chigiana (3'11'')
4. In Memoriam Joaquín Homs (4'08'')
5. Hybris (4'37'')

Octandre (Varèse; transcripción de López López):
6. I. Moderato (2'35'')
7. II. Très vif et nerveux (2'02'')
8. III. Grave. Animé et jubilatoire (2'23'')

9. Entrance-Exit (12'05'')
10. Un instante anterior al tiempo (16'11)

1 CD - DDD - 60'22''


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

“La búsqueda de lo bello sin más explicaciones”. Este es un interés y un objetivo compartido por José Manuel López López (Madrid, 1956) con artistas plásticos de su generación, como el pintor José Manuel Broto, quien colabora con sus imágenes de color en movimiento en este atractivo proyecto musical. Dicha búsqueda de lo bello no apunta a ningún esteticismo epidérmico sino todo lo contrario: se dirige a la emoción directa a través de la energía desplegada por el timbre, entendido como un tejido de tiempos microscópicos, y la plasticidad de sus procesos de transformación. El compositor trabaja por la belleza intrínseca del sonido mismo, de su color, de la configuración interior de su materia, prescindiendo de los apoyos de lo narrativo, alcanzando un necesario grado de abstracción formal y síntesis que en absoluto contradice y distrae del puro goce estético. La sensualidad musical, por compleja que sea estructuralmente la pieza en su interior, permanece en un primer plano perceptivo. Sin embargo, aunque pudiera parecer paradójico, cuando uno comienza la escucha del atractivo complejo tímbrico de una de sus piezas, se produce súbitamente una sugestión poética de la que las imágenes brotan como por ensalmo sumando otro plano de lectura. El compositor es plenamente consciente de ello cuando afirma utilizar discursos y emociones que proceden de otros medios, digamos extramusicales, como en su caso la poesía o las imágenes que proceden de una atenta observación y evocación de los movimientos y metamorfosis de la naturaleza; imágenes de la transformación que buscan en definitiva ser lugares musicales.
A José Manuel López lo identificamos entre los grandes degustadores de lo armónico, sin duda como Debussy, pero también Falla; o los espectrales franceses como Dufourt, Grisey o Murail, investigadores de los espectros sonoros y el timbre; pero en su solidez estructural y su rigor constructivo están las enseñanzas de Boulez y de Stockhausen. En la evolución musical del artista y su abierta voluntad de experimentación, está la voluntad de conjugar dentro de un tejido sonoro la armonía y el ruido, modificando el timbre con la intervención ocasional de recursos como el manipulador. Vinculado a ello está el concepto de tiempo; su percepción, su tratamiento y su expresión obsesionan de modo especial al compositor. Todo es tiempo en la música; y la forma debe aquí entenderse como un conjunto organizado en capas de tiempos parciales, como un encadenamiento de agregados polifónicos, como una síntesis de macro y microtiempos, y de tiempos menos mensurables que apuntan hacia lo metafísico; todas estas dimensiones distintas del tiempo se entrelazan con la memoria del oyente y sus resonancias internas provocando en consecuencia la emoción musical.
Es esta una experiencia que se puede constatar a lo largo de una coherente trayectoria de la que este registro se hace eco a lo largo de la línea ascendente que trazan estas ocho piezas que interpreta el salmantino Alberto Rosado, uno de los pianistas más sólidos, inteligentes y que mejor sintonizan con la música de hoy y con el espíritu musical de José Manuel López. El compositor, que fue Premio Nacional de Música 2000, es un artista de vocación internacional afincado hace más de veinte años en la capital francesa, donde dirige el Taller de Composición de la Universidad Paris VIII, y ahora es flamante director artístico del madrileño Auditorio Nacional de Música.
Abre esta grabación, con su título de resonancias alquímicas, Lo fijo y lo volátil (1994), escrita para electrónica y piano en la idea de acercar al límite las sonoridades del instrumento mismo que supera aquí sus capacidades naturales de timbre, velocidad o registro. Los planos de ambas partes se solapan, se entrelazan para fundir coherentemente sus diferencias en una continuidad resonante de brillos, reflejos y luminosas irisaciones de color.
Con una envolvente suavidad y reminiscencias de un sensual Debussy, José Manuel Lópezhomenajea a su maestro Luis de Pablo en su 70 cumpleaños, en Bien à toi (2000), pieza de armonías, resonancias y bellos despliegues de timbre, que relacionan intervalos y acordes. Y a la memoria de otro de sus maestros, el italiano Franco Donatoni, dirige su Finestra in la Chigiana (2000). El intervalo, la figura y su transformación son el objeto de esta pieza que el compositor lleva a su terreno en un desarrollo orgánico de timbre y armonía más abierto a lo imprevisible.
Una deliciosa pieza de sonoridad serena y cristalina es In Memoriam Joaquín Homs (2005). “Frescura, transparencia y levedad”, es lo que en sus palabras busca y consigue aquí el compositor. Como el complejo movimiento del vuelo de un pájaro que queda eclipsado por su belleza. O un temblor de la luz y el agua. Una joya que por su justa brevedad, modo de fluir y delicadeza se le viene a uno a la mente el año en que el compositor se dejó impregnar en vivo por la cultura japonesa y su sentido estético.
Hibrys (2002) es un homenaje a Xenakis. Una obra en la que interviene más lo matemático, que se refiere a la síntesis granular. Está concebida como una exploración de traslaciones, de velocidades de desplazamiento, de diferentes aspectos rítmicos, regulares e irregulares, que en su conjunción provocan una particular percepción de la textura. En esta línea de estudio de complejidad estructural sigue una trascripción para piano de Octandre, obra esencial de Edgar Varèse concebida en 1923 y escrita para metales, viento-madera, contrabajo y percusión, en la que José Manuel López pone de relieve inteligentemente su sólido armazón, su interválica, sus figuras, su timbre y dinámica. Todo un reto, y un logro, qué duda cabe, en donde las emociones, por supuesto, también tienen su lugar.
Un atractivo estudio de la música entendida como tiempo nos lo ofrece la pieza de 2004, Entrance-Exit. El lenguaje del compositor adquiere cada vez mayor complejidad y rotundidad en sus desarrollos. Gestos y movimientos llenos de libertad, no estrictamente funcionales, potentes resonancias y contrastes en los registros extremos; todo se entrelaza con pasmosa agilidad en un flujo donde las permanentes transformaciones hacen percibir pasado, presente y futuro como un solo presente permanente y multifacético. De esta concepción del tiempo entramos acto seguido en una nueva dimensión del piano más experimental, en espacios inexplorados, con la extraordinaria y reciente pieza concebida para Alberto Rosado, Un instante anterior al tiempo, en la que poéticamente el autor desvela y oculta imágenes en un doble proceso temporal, creando una nueva situación mixta mediante un manipulador que modula el timbre apagando o dejando vibrar las cuerdas, generando resonancias nuevas, distorsiones, nubes granulares y hasta glissandi. Obra síntesis de los hallazgos de los últimos años y cuyo material surge de su concierto para piano y orquesta, Un instante... es seguramente la obra para piano de más envolvente rotundidad y vibrante intensidad de todo el registro, una pieza espectacular en su luminoso desarrollo que llega a un sereno movimiento final alcanzando una gran belleza.
Un registro lleno de energía, ideas, contrastes, sensibilidad y profundidad de pensamiento. Aquí se configura uno de los espacios estéticos y musicales más ricos y sugerentes de nuestro panorama actual. Esperamos que José Manuel López se siga planteando proyectos cada vez de mayor audacia y riesgo porque su talento musical alcanza para ello. Y para hacernos vibrar... y hasta temblar. 

Manuel Luca de Tena

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