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Enchiriadis | MEDIEVAL Y RENACENTISTA | RELIGIOSA (1 CD)

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precio

11,95 €

Alonso Lobo
Missae


REF.: EN 2016
EAN 13: 8437002261160
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Alonso Lobo (1555-1617) es un compositor de primera magnitud. Alumno de Francisco Guerrero, trabajó como maestro de capilla en Osuna (su ciudad natal), Sevilla y Toledo, siendo su música una de las más difundidas en las capillas americanas de su tiempo. En esta grabación Musica Ficta recoge dos de sus misas a cuatro voces escritas sobre motetes de su maestro, así como el extraordinario Vivo ego dicit Dominus.

FECHA DE PUBLICACIÓN
01/08/2006

INTÉRPRETES
Musica Ficta
Raúl Mallavibarrena, dirección


CONTENIDO
Francisco Guerrero (1528-1599):
Simile est Regnum Caelorum
Alonso Lobo (155-1617):
Missa Simile est Regnum Caelorum
Francisco Guerrero (1528-1599):
Petre ego pro te rogavi 
Alonso Lobo (155-1617):
Missa Petre ego pro te rogavi

1 CD - DDD - TT: 56' 02

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

El renombre de Tomás Luis de Victoria (1548-1611) y la extraordinaria calidad de su música, ha ensombrecido a grandes figuras de la polifonía española del esplendoroso siglo XVI. Un siglo que se iniciaba con maestros de la talla de Anchieta y Peñalosa, seguía con Morales y Guerrero para culminar con Victoria, Ambrosio Cotes o Alonso Lobo . Este último es, sin duda, una da los más grandes, y aunque no se implicó en las novedades aportadas por la naciente homofonÍa o la policoralidad del barroco, su arte supo asimilar las nuevas propuestas expresivas, siempre con un dominio de la trama vocal equiparable al de los mejores polifonistas de su época.
Alonso Lobo de Borja (1555-1617) era natural de Osuna (Sevilla). Siendo niño se trasladó a la capital andaluza, donde mantuvo una relación de discipulaje con Francisco Guerrero (1528-1599). El año 1591 alcanzó el magisterio de capilla de la catedral sevillana, compartido con el entonces titular, su maestro Francisco Guerrero, lleno de achaques tras un accidentado viaje a Jerusalén. Pero en septiembre de 1591, Lobo se trasladó a Toledo para incorporarse a la catedral como cantor. Pronto se daría cuenta el cabildo toledano de su extraordinaria valía musical, otorgándole el puesto de maestro de capilla en el magno templo donde Cristóbal de Morales había ostentado aquel cargo entre 1545 y 1547; (el maravilloso legado de Morales en Toledo nos ha sido descubierto por Michael Noone con el Ensemble Plus Ultra en los últimos años).
Entonces fue cuando Lobo preparó con todo cuidado la única edición en vida de sus mejores obras. Contó con el apoyo de su amigo Tomás Luis de Victoria, de ahí lo lujoso del Liber Primus Missarum (Madrid, 1602) publicado por la Tipografía Regia, entonces en manos del impresor Joannes Frandrus; en el libro se incluye el único retrato conocido de Alonso Lobo de Borja. El Liber Primus contiene seis misas, cinco motetes y dos antífonas. Cuando Lobo regresó a Sevilla en 1604 recuperó inmediatamente el magisterio de capilla de la catedral. En ella había pasado la infancia como niño cantor y más tarde como encargado de los seises. Era ya célebre en toda España y en la América hispana, desde Lima y Bogotá hasta México.
Salvo O Rex gloriae, basada en un motete de Palestrina, las restantes misas parodia de Lobo se fundamentan en motetes de Guerrero, su admirado maestro.
El disco que da lugar a este comentario es una nueva e importante aportación del sello Enchiriadis al conocimiento de la polifonía española. El grupo Música Ficta que dirige Raúl Mallavibarrena, ha grabado el que viene a ser el tercer compacto dedicado enteramente a Alonso Lobo. El primero lo realizó en el Taller Ziryab de Sevilla hace quince años; el segundo, que pronto cumplirá diez, es un registro del afamado The Tallis Scholars. Uno y otro contenían casi el mismo repertorio, los motetes del Liber Primus y la Missa María Magdalena, a 6 voces. Sin embargo Música Ficta nos ofrece ahora dos nuevas misas del Liber Primus: Missa Simile est Regnum Caelorum y Missa Petre ego pro te rogavi, ambas a cuatro voces. Han respetado la loable costumbre de incluir los dos motetes a 4 de Guerrero que fundamentan las correspondientes misas de Lobo. Y además ha añadido como botón de muestra, el motete cuaresmal Vivo ego, dicit Dominus del mismo Lobo.
Musica Ficta cuenta con las voces excelentes de Eva Juárez, Pilar Moral, Marta Infante, Miguel Bernal, Luis Vicente y Hector Guerrero. María Crisol al bajón (precursor del actual fagot), contribuye a la espléndida sonoridad de la polifonía del maestro ursuonense, sumamente expresiva en sus dramáticos contrastes, con muy expansivas líneas melódicas y la dulzura contemplativa de los mejores polifonistas españoles de aquel tiempo.

Andrés Ruiz Tarazona

                                                        ******************

El 5 de abril de 1617 fallecía en Sevilla Alonso Lobo, maestro de capilla de la catedral hispalense desde 1604. El entierro, cuyos costes cubrió enteramente el cabildo episcopal, tuvo lugar en la capilla antigua, muy cerca del sepulcro donde reposaban los restos de quien había sido su más admirado maestro y modelo, Francisco Guerrero. Hasta ese momento, Lobo había desarrollado una intensa y larga carrera al servicio, siempre, de la Iglesia española. Su prestigio fue tal que muchas de sus obras han aparecido repartidas en lugares tan lejanos como Oaxaca, Puebla, Guadalajara, Morelia o la propia capital de México. Incluso, una vez desaparecido su música se siguió interpretando con frecuencia en la catedral sevillana durante la celebración de los oficios religiosos. En 1648, por ejemplo, el capítulo catedralicio acordó, gracias a la propuesta del arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca, que se cantase su “Credo Romano á canto de órgano (que compuso el Mº Lobo) en todos los domingos del año, menos los de Quaresma, Adviento y septuagésima, en que no hay música; y también se cantase en el día y octava del Corpus toda, y en los días de Nª Sª de la Asunción y de la Concepción por ser muy devoto y grave canto, y agradable al oído... que así se haga, y que se haga saber al Mº de Capilla, y se ponga en la regla de Coro para que se cumpla por ser de la devoción y gusto del Cabildo”. Y eso no fue todo, en 1772, más de 150 años después de su muerte, se copiaba en un lujoso códice de vitela la única partitura conocida de sus Lamentationes Ieremiae Prophetae. Christus factus est. Et Miserere. In Officio Tenebrarum. Sabbati Sancti para su uso durante la liturgia de la catedral sevillana. Gracias a su expediente de limpieza de sangre sabemos que era natural de Osuna (Sevilla), donde fue bautizado en 1555, y que era hijo de Alonso Lobo y de Gerónima de Borja. Las actas capitulares sevillanas también nos ofrecen datos valiosos para conocer los años de formación musical del joven Alonso. En septiembre de1566, con tan sólo 11 años, era recibido por el Cabildo de la catedral para iniciar su formación musical con Francisco Guerrero, entonces maestro de seises, y el cantor Antón de Armijo, encargado de la enseñanza del canto de órgano. Fueron años de aprendizaje en los que Alonso Lobo pronto comenzó a mostrar un talento excepcional para la música. Esas mismas actas le describen por aquellos días como un cantorcico y un mozo de coro “cumplidor y fiel” y, poco después, en 1581, figuraba como licenciado y pasaba ya a ocupar una canonjía y el puesto de maestro de capilla de la colegiata de Osuna, una suntuosa fundación levantada por don Juan Téllez Girón entre 1531 y 1535.
A lo largo de la década que transcurrió desde su llegada a Osuna como maestro de capilla y 1591, momento en el que fue citado por el Cabildo de Sevilla para convertirse en maestro de los seises, y, probablemente, en sucesor de Guerrero, Lobo consiguió fraguarse una sólida como compositor por toda España. Quizá por ello, a su llegada a la ciudad del Guadalquivir no fue sometido, según era la costumbre de la época, a ninguna prueba que acreditase sus talentos. Las actas del Cabildo reflejaron así su incorporación: “En este día (Lunes, 2 de septiembre de 1591), siendo llamados para ello nombraron por maestro de los seises al maestro Alonso Lobo, por el tiempo que fuere voluntad del dicho Cabildo, con la media ración y el salario de maravedises y trigo que se le dava a Farfán; y nombraron por diputados, para que hagan se le entreguen los dichos seises, a don Antonio Pimentel, chantre, y al racionero, Andrés de Jacomar”. Su salario quedó fijado en 400 ducados anuales y 80 fanegas de trigo, y entre sus obligaciones figuraba el cuidado, la manutención y la instrucción musical de los seises. Sólo dos meses después desu llegada, en noviembre de 1591, el capítulo catedralicio le autorizaba vestir manteo, un privilegio que se le había concedido en reconocimiento a su antiguo puesto decanónigo en Osuna, y lo que es más importante, fue nombrado sustituto de Guerrero en el magisterio de capilla mientras éste se encontraba en prisión por deudas contraídas en Roma por la impresión de su Missarum liber secundus (Roma, 1582) y del Liber vesperarum (Roma, 1584). Pasados tres años, en septiembre de 1593, Lobo fue elegido maestro de capilla en la catedral de Toledo para suceder a Ginés de Boluda. Su investidura tuvo lugar el 3 de diciembre de aquel mismo año con la Ración 44 de tenor, una anomalía de tipo administrativo en el orden interno de la catedral primada que se arrastraba desde el magisterio de Andrés de Torrentes (1539) y que impedía que los maestros de capilla percibieran la Ración 35, la prebenda que antiguamente había sido asignada a los titulares toledanos. A pesar de ello, la actividad de Lobo durante su etapa toledana fue muy intensa y creativa. Poco después de llegar ordenó la compra de los Mottecta liber secundus (1589) y las Canciones y villanescas espirituales de Guerrero por un precio excepcionalmente bajo, 200 reales; alojaba en su propia casa y educaba a seis niños de coro especialmente seleccionados; buscaba por toda España a los mejores cantores e instrumentistas; componía una gran cantidad de excelente música para los oficios religiosos de la catedral (en las navidades de 1593 y 1596, por ejemplo, gustaron tanto sus villancicos que el Cabildo le llego a pagar 1.500 maravedíes por cada uno de los que había compuso para aquellas dos ocasiones) y poco antes de marchar definitivamente a Sevilla iniciaba la edición de seis de sus propias misas, cinco de ellas inspiradas en motetes de su maestro Guerrero: Beata Dei genitris, a 6; Maria Magdalena, a 6; Prudentes virgines, a 5; Petre ego pro te rogavi,
a 4; Simile est regnum coelorum, a 4; y O Rex gloriae, a 4, basada esta última en un motete de Palestrina, que publicaría en su Liber Primus Missarum (donde figura como Alphonsi Lobo de Borja, Sanctae Ecclesiae Toletanae, Hispaniarum Primates, portionarii, Musicesq. Praefecti) editado gracias a la mediación de su gran amigo Tomás Luis de Victoria en Madrid en 1602 por el impresor real Joannes Flandrus o Juan Flamenco, el mismo que en 1598 había firmado con Philippe Rogier (maestro de capilla de Felipe II entre 1587 y 1596) el contrato de la lujosa edición de su Missae sex. Al igual que Guerrero, que añadió tres de sus motetes preferidos en su primer volumen de misas (París, 1566), Lobo también decidió incluir en esta edición una selección de siete motetes (Moteta ex devotione inter missarum solemnia decantanda), entre ellos el conocido Versa est in luctum a 6 compuesto ad exequias Philip II Cathol. Regis Hisp. (†1598) y Vivo ego, dicit Dominus a 4, presentado ahora. La grabación de Musica Ficta nos ofrece dos misas de la edición madrileña: Simile est regnum coelorum y Petre ego pro te rogavi, ambas a 4 voces, además de los otros dos motetes homónimos de Guerrero sobre los que están parodiadas, publicados en 1570-1597 y 1589-1597, respectivamente. La contraposición de estilos entre maestro y alumno es muy evidente. Mientras Guerrero opta por un estilo solemne, majestuoso y sonoro, Lobo exhibe un lenguaje perteneciente ya a una generación posterior, mucho más expresivo y dramático, a medio camino entre el cromatismo del madrigal y el orden tranquilo del contrapunto de imitación. La misa Simile est regnum coelorum es una obra alegre y luminosa en la que Lobo hace gala de un dominio extremo del tejido polifónico, sostenido, en este caso, por las quintas iniciales, ascendentes y afirmativas, derivadas del motete de Guerrero. El Kyrie es, sin lugar a dudas, un magnífico ejemplo de todo ello, especialmente en la sección final, con sus líneas ondulantes y ornamentadas de la voz superior. El Gloria y el Credo son también característicos de esta diversidad harmónica que en el Et incarnatus del Credo juega un papel protagonista como verdadero epicentro de toda la sección. La misa concluye con un maravilloso Agnus Dei donde el tenor canta la primera línea del motete de Guerrero como cantus firmus para culminar en los pasajes finales del texto con unas vivas e intensas disonancias entrelas dos voces superiores. Por su parte, la misa Petre ego pro te rogavi gozó ya en vida del propio autor de una amplia difusión como demuestra el hecho de que haya aparecido copiada en fuentes tan alejadas entre sí como las españolas (Sevilla, ms. 110 del archivo catedralicio) y Mejicanas (Códice de Valdés, 1599). Se trata de una gran composición polifónica, también a 4 voces, a excepción del Agnus Dei II que lo es a 5, en la que Lobo despliega toda su habilidad ideando nuevas e ingeniosas combinaciones con el material de Guerrero. El Crucifixus, por ejemplo, comienza con todas las voces, mientras las demás secciones lo hacen de forma imitativa, basándose en material procedente de las pars 1 ó 2 del motete original. Lobo también gustaba de emplear las imitaciones paralelas al comienzo del Christe (en el Kyrie II), Et in terra, Patrem, Benedictus, Agnus Dei I y II y siguiendo una norma común en la missa brevis de 1590 adorna el texto con algunos melismas y no repite el texto en el Gloria y el Credo. Vivo ego, dicit Dominus, también a 4 voces como las dos misas anteriores, es un motete asociado al periodo de Cuaresma. Es una pieza solemne, que guarda una atmósfera contemplativa, intimista y de gran recogimiento espiritual en la que el autor parece querer reflejar no sólo los últimos ecos del Renacimiento musical, sino también las primeras sombras de un imperio en el que por entonces nunca se ponía el Sol.

Francisco de Paula Cañas Gálvez

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