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Fra Bernardo | BARROCA | OPERA (3 CD)

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35,90 €

Francesco Maria Veracini
Adriano en Siria


REF.: FB 1409491
EAN 13: 4260307434915


Francesco Maria Veracini es principalmente recordado como un excéntrico virtuoso del violín y un compositor de música instrumental, pero en su época en Londres  fue también fue muy solicitado como compositor de ópera. Su primera obra para el género -Adriano en Siria- fue escrita para la compañía londinense Opera of Nobility, y el resultado es una producción espectacular y fascinante que Fabio Biondi y su estupendo elenco de solistas han presentado como parte de una serie de conciertos muy exitosos que tuvieron lugar en el Konzerthaus vienés en 2013.


FECHA DE PUBLICACIÓN
01/09/2014

INTÉRPRETES
Sonia Prina, alto
Ann Hallenberg, mezzo-soprano
Roberta Invernizzi, soprano
Romina Basso, mezzo-soprano
Lucia Cirillo, mezzo-soprano
Ugo Guagliardo, bajo
Europa Galante
Fabio Biondi, dirección


CONTENIDO
Francesco Maria Veracini (1690-1750):

Adriano en Siria
Dramma per musica en tres actos
Libreto de Pietro Metastasio

3 CD - DDD

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Ya lo decían los sajones: “Un dios, un Veracini”

EDUARDO TORRICO

No resulta fácil entender por qué uno de los periodos más fértiles de la música escénica, la primera mitad del siglo XVIII, ha quedado prácticamente reducida a dos compositores: Haendel y Vivaldi (franceses al margen, ya que la ópera barroca francesa no tiene nada que ver con la que se hacía en el resto de Europa). Al menos, hasta el momento presente, por mucho que se constante un incipiente empeño en ir rescatando a otras importantes figuras de ese periodo, como Porpora, Caldara, Vinci o Keiser. En esta tentativa hay que encuadrar la recuperación de un compositor, Francesco María Veracini, y de su Adriano in Siria, que por múltiples motivos fue una de las óperas que más impactaron en el público londinense de aquel tiempo. 

Nacido en Florencia en 1690, Veracini fue un violinista excepcionalmente dotado. Charles Burney escribe en uno de sus libros viajeros que el gran Tartini lo escuchó tocar en cierta ocasión en Venecia y fue tal la depresión que le entró, al comprobar su inferioridad inferioridad técnica, que huyó a Ancona y se recluyó durante un largo periodo exclusivamente para practicar y poder estar a la altura de su rival. Fueron precisamente unas sonatas para violín las que permitieron a Veracini entrar en contacto con el elector de Sajonia, Friedrich August, que más tarde sería también rey de Polonia. El príncipe, impresionado por su música, lo fichó para la corte de Dresde, en donde ya funcionaba una formidable compañía de ópera italiana dirigida por Lotti y a la cual pertenecía, entre otros, el castrato Senesino. El contrato de Veracini, que ya por entonces tenía fama de excéntrico, era lo hoy calificaríamos de “galáctico”. En Dresde fue aumentado su fama de enorme músico (llegaron a acuñar la frase de “ein Gott, ein Veracini”, es decir, “un dios, un Veracini), pero también de polémico, sobre todo a raíz de que en medio de una discusión intentara tirar por una ventana a Pisendel, ‘Konzertmeister’ de la orquesta de la corte.  

Aquel incidente parece que precipitó su vuelta a Florencia, donde se dedicó a escribir música sacra, principalmente, y donde heredó de su tío Antonio en 1733 una nada desdeñable fortuna, en la cual figuraban, entre otros bienes, ocho violines Steiner  y otros tres Amati. Ese mismo año decidió trasladarse a Londres, ciudad que ya había visitado en 1714. Lo sorprendente del caso es que ni en Londres, a pesar de haber trabajado para el Queen’s Theatre (tocaba piezas instrumentales en los entreactos), ni en Dresde, a pesar de la tradición operística imperante en esa corte, Veracini había sido jamás requerido para escribir música para la escena. Fue en su segunda etapa londinense cuando empezó a cultivarla, contratado por la Ópera de la Nobleza, la compañía rival de la de Haendel, la cual estaba dirigida por Porpora. Para la Ópera de la Nobleza compuso Adriano in Siria (1735), La clemenza di Tito (1737), Partenio (1738) y Rosalinda (1744), únicos títulos de su producción operística. 

Adriano in Siria es una historia recurrente entre los compositores de la época. El primero en fijarse en ella fue Caldara, que la estrenó, con libreto de Metastasio, en Viena en 1732. Después serían otros 58 músicos los que utilizarían el mismo libreto, si bien hay que indicar Veracini optó por una adaptación de Angelo Corri, que incluía en la trama a un nuevo personaje, el de la princesa Idalma, en sustitución de Aquilio, el confidente de Adriano. En la Ópera de la Nobleza, Veracini volvió a coincidir con Senesino, que un par de años antes había dejado plantado a Haendel, harto de la forma de ser del compositor sajón (tan harto estaba Senesino de Haendel, como Haendel debía de estarlo de Senesino). Un año más tarde, en 1734, llegó a la compañía otro castrato, joven pero ya conocido en toda Europa: Farinelli. Los dos divos cantaron juntos por primera vez en el pastiche Artaserse, en el Lincoln's Inn Fields Theatre, y fuente entonces cuando se produjo la famosa anécdota que relata Burney (¡qué sería de nosotros sin las crónicas de Burney!): Senesino desempeñaba el rol de un tirano furioso y Farinelli era un héroe al que tenía cautivo y cargado de cadenas. Cuando Farinelli cantó el aria “Per questo dolce amplesso” (escrita por su hermano, Riccardo Broschi), Senesino se saltó el guión y corrió, emocionado y entre lágrimas, a abrazar a su antagonista.

Senesino (Adriano) y Farinelli (Farnaspe) formaron parte del reparto en el estreno del Adriano in Siria de Veracini, que acaeció el 25 ó el 26 de noviembre de 1735, en el teatro de Haymarket. Además de los dos célebres castratos, figuraban en el reparto la no menos célebre soprano Francesca Cuzzoni y el aclamado bajo Antonio Montagnana (que también habían optado por plantar a Haendel), así como las sopranos Francesca Bertolli y Santa Tasco, “La Santini”, a quien se anunciaba como antigua alumna del Ospedale della Pietà, algo que seguramente quebrantaba las reglas de la benéfica institución veneciana, ya que ninguna de sus alumnas estaba autorizada a convertirse en cantante de ópera. El éxito de Adriano in Siria fue enorme, como lo atestiguan las nueve representaciones que tuvo hasta finales de diciembre. En ello influyó la presencia de los dos capones, por supuesto, pero también las bellísimas arias de Veracini y la intensidad dramática de la propia obra. 

La recuperación de Adriano in Siria es algo que tenemos que apuntar en el haber de Fabio Biondi. Ha habido dos representaciones hasta la fecha, en Cracovia y en Viena, ambas en el mes de diciembre de 2013. La tercera representación tendrá lugar el 26 de enero de 2015, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. El reparto de Cracovia y Viena lo configuraron Sonia Prina (Adriano), Ann Hallenberg (Farnaspe), Roberta Invernizzi (Emirena), Romina Basso (Sabina), Lucia Cirillo (Idalma) y Ugo Guagliardo (Osroe), si bien en Madrid Hallenberg cederá su puesto a Vivica Genaux. El álbum discográfico que ahora comentamos corresponde a una grabación en directo de la función de Viena, aunque la calidad del sonido es tal buena que podría pasar por una grabación de estudio.

Desde la misma obertura se percibe la monumentalidad de esta ópera, con una sucesión de arias increíblemente bellas, como “Parto, sì, bella tiranna” (Farnaspe), “Per punir l’ingrato amante” (Idalma), “Ascolta idolo mio (Farnaspe), “Un lampo di speranza” (Emirena), “La ragion, gli affetti escolta” (Adriano), “Quel ruscelletto va mormorando” (Farnaspe), “Se mai piagato” (Osroe), “Più bella al tempo usato” (Idalma), “Va, superbo, e del tuo fato” (Adriano), “Non ritrova un’alma forte” (Osroe), “Quel cor che mi donasti” (Emirena), “Son sventurato ma pure, o stelle” y, tal vez por encima de todas, la espeluznante “Amor, dover, rispetto”, aria de bravura con la que Farnaspe da por concluido el acto segundo. El desempeño del elenco canoro es magnífico (incluida Sonia Prina, lo cual tiene mucho mérito), pero la parte del león se la lleva una deslumbrante Hallenberg, que de un tiempo a esta parte se ha convertido seguramente en la/el cantante más cualificada/o para papeles que fueron en su día escritos para castrati (difícil papeleta la que tiene Genaux ante la representación de Madrid, porque el listón que ha dejado la mezzo sueca está altísimo). Europa Galante olvida su irregularidad de ocasiones recientes y vuelve a sonar tan rutilante como en sus mejores tiempos, con una dirección enérgica y vibrante a cargo de Biondi, quien, obviamente, también ejerce de primer violín. Un álbum fantástico para un título imprescindible de un compositor, Veracini, que jamás deja de sorprendernos.

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